Llegaste, sigiloso,
Robando segundo a segundo
cada centímetro de mi alma
Y sin saber cuando,
dejó de pertenecerme.
y la tomaste, dándole cada día…
la dulzura de la brisa del alba,
la pasión de las olas al abrazar la arena.
Los sueños de la montaña
con alcanzar el cielo.
La locura de que en cada despiste,
no me sueltas.
La certeza de que aun en los olvidos,
me encuentras.
El delicioso contraste de
ternura inagotable y firmeza constante.
El trato de niño y voluntad de hombre.
El hacer perder la calma
y dar tranquilidad.
La sublimidad de un corazón noble.
El habernos conjugado
en una plenitud absoluta.
Dándonos sentido.
Con una intensidad abismal,
hasta el dolor por no contenerse
al darlo todo,
hasta la dicha infinita.